Preguntas difíciles sobre la Salvación

34. ¿Cuál es la diferencia entre el fariseo y el publicano en la parábola de Jesús?

Cristo contó esta historia para advertir a las personas que confiaban en sí mismas que eran justos y miraban con desprecio a otras personas: Dos hombres subieron al templo para orar; el uno un fariseo, y el otro un publicano. El fariseo se puso de pie y oró así consigo mismo, "Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano."

Jesús continuó, "Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «Dios, ten piedad de mí, pecador». Os digo que este descendió a su casa justificado pero aquel no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado." (Lucas 18:10-14).

¿Cuál es la diferencia? El fariseo entró en la presencia de Dios sin temor y temblor; el publicano estaba lejos lleno de miedo y temblor. No se sentía digno de orar a Dios, ni siquiera alzando sus ojos. El fariseo tenía un corazón arrogante, pero el publicano se golpeó en el pecho para mostrar su corazón roto.

El fariseo no tenía sentido de urgencia ni necesidad, haciendo más de un anuncio que una oración. El publicano se apoderó de su necesidad urgente, clamando por misericordia. El fariseo contó sus buenas obras; el publicano confesó su pecado y su necesidad. El fariseo sólo prestó atención a acciones externas; el publicano prestó atención al problema de su naturaleza como un pecador. El fariseo se comparó con otros hombres; el publicano se comparó con Dios.

El fariseo no pidió nada, no confesó nada, y se fue a casa sin nada. Él se justificó a sí mismo, pero permaneció un pecador condenado ante Dios. El publicano pidió todo, confesó todo, y se fue a casa con todo. Independientemente de lo que los hombres puedan pensar de él, él era un pecador salvado, justificado por la gracia de Dios.

¿Quién eres tú, el fariseo o el publicano? Quizás sientas que eres ambos; si es así, ora para que Dios te ayude a purificar el fariseo que está dentro de ti, para que tú, como el publicano, bases todas tus esperanzas para la salvación sólo en la misericordia de Dios.